Hoy 22 de agosto del 2007, a 35 años de aquel 22 de agosto de 1972, recordamos un nuevo aniversario de la masacre de Trelew perpetrada por la dictadura oligárquica, conducida por el general Lanusse, un cuadro destacado de las fuerzas armadas argentinas, educado con todas las luces del liberalismo sajón y formado en la doctrina de la seguridad nacional promovida por la CIA en todo el continente con la finalidad de preservar los intereses económicos, políticos y socio-culturales del imperialismo.
Los objetivos del imperialismo eran muy claros: detener el avance de las fuerzas revolucionarias que se desplegaban por ese entonces en el globo; combatir, desarticular y doblegar posibles frentes nacionales anticoloniales que pudiesen representar un peligro potencial para los intereses de los capitales privados internacionales, evitar todo atisbo de organización popular, militancia social, sindicalismo independiente y combativo, prevenir contra la amenaza ideológica marxista o cualquier otra tendencia afín que pudiese desestabilizar el orden público y la institucionalización de la democracia liberal burguesa con su sistema jurídico, garantizando así el derecho a la propiedad privada y el normal funcionamiento del régimen capitalista de producción.
Amparados bajo este paraguas jurídico, militar, ideológico y político las dictaduras latinoamericanas institucionalizaban, afianzaban y reproducían atroces métodos de dominación, legitimándose a si mismas como garantes y representantes de los intereses nacionales y populares mientras saqueaban los recursos naturales, explotaban y sometían a grandes capas de la población impidiéndoles manifestarse y acceder a los beneficios sociales y económicos imprescindibles para garantizar un orden justo en la distribución de las riquezas.
Los pretextos esgrimidos por las clases privilegiadas para legitimarse ante la sociedad justificándose y proclamándose a si mismas como necesarias conductoras políticas de los regímenes dictatoriales giraban en torno a una agresiva y tendenciosa propaganda ideológica en la cual se presentaban como salvadoras de la patria, garantes del orden social y custodios de la moral.
En este contexto y bajo el marco de la represión militar abierta a veces y encubierta otras, las diversas organizaciones revolucionarias en la Argentina se propusieron dar una guerra popular y prolongada de resistencia para debilitar y socavar las bases fraudulentas sobre las cuales se sostenía el poder político omnímodo de la burguesía en connivencia con el capital monopólico transnacional.
El fuerte arraigo que las fuerzas revolucionarias tuvieron en los diversos frentes populares, el trabajo de concientización y las actividades político-militares realizadas en contra de la dictadura y de los intereses imperialistas, alarmaron a las fuerzas armadas de la burguesía que se dispusieron a eliminar y aniquilar a todos los combatientes y militantes comprometidos, asestando terribles golpes sobre las fuerzas revolucionarias.
Como siempre sucede, las fuerzas del campo popular emergen espontáneamente como fruto de la conciencia adquirida y de la voluntad interiorizada que se hace capaz de accionar en el mundo material para producir el cambio radical en la estructura social enferma y caduca; corregir los desajustes,revertir el estado de salvajismo social imperante, señalar las contradicciones en el seno de la sociedad, reconocer las injusticias, redefinir los objetivos políticos, organizar a las fuerzas populares dotándolas de una estructura capaz de hacer efectivos sus intereses, sentar las bases ideológicas y morales para la construcción de una sociedad nueva y de un hombre nuevo dotado de una conciencia colectiva efectiva, garantizar las condiciones necesarias para gestar la individualidad libre de la enajenación, para que el sujeto, para que la persona humana se torne conciente de su condición y se realice en plenitud excluyendo simultáneamente la explotación y la dominación como bases socio-políticas y fundamentales del desenvolvimiento económico organizacional en la comunidad humana.
En esa ardua tarea de enfrentarse contra los opresores, la heroicidad de los militantes suele llegar hasta las últimas consecuencias, hasta el límite de entregar la propia vida por una causa superior que trascienda ese cerco ficticio del ego finito; cuando se comprende que la realidad es dura, que se forja en una lucha compleja y constante entre intereses contrapuestos, intereses que deben reconocerse,se comprende entonces con el corazón y con la mente que es necesario dar una lucha contra el egoísmo, contra el salvajismo, contra la mentira y contra el vicio inmoral institucionalizado que solo encubre las relaciones macabras y morbosas de un sistema inviable y degenerado, el capitalista.
La masacre de Trelew es una muestra concreta del accionar de las fuerzas represivas, brazo armado de la burguesía y del capital monopólico, que en un arrebato de criminalidad y demencia fusiló cobardemente a los militantes detenidos tratando de cegarlos para siempre, sembrando así el horror y el desconcierto en las filas del campo popular y revolucionario; quisieron escarmentar al pueblo y a su vanguardia pero solo encendieron la llama de la indignación; millares de jóvenes continuaron con la lucha y aprendieron del ejemplo revolucionario.
Que la memoria de aquellos compañeros brille en nuestros corazones y que su lucha ilumine nuestro camino en la búsqueda de una conciencia revolucionaria que nos garantice el reconocimiento de la verdad, la justicia efectiva y la dignidad.
Los objetivos del imperialismo eran muy claros: detener el avance de las fuerzas revolucionarias que se desplegaban por ese entonces en el globo; combatir, desarticular y doblegar posibles frentes nacionales anticoloniales que pudiesen representar un peligro potencial para los intereses de los capitales privados internacionales, evitar todo atisbo de organización popular, militancia social, sindicalismo independiente y combativo, prevenir contra la amenaza ideológica marxista o cualquier otra tendencia afín que pudiese desestabilizar el orden público y la institucionalización de la democracia liberal burguesa con su sistema jurídico, garantizando así el derecho a la propiedad privada y el normal funcionamiento del régimen capitalista de producción.
Amparados bajo este paraguas jurídico, militar, ideológico y político las dictaduras latinoamericanas institucionalizaban, afianzaban y reproducían atroces métodos de dominación, legitimándose a si mismas como garantes y representantes de los intereses nacionales y populares mientras saqueaban los recursos naturales, explotaban y sometían a grandes capas de la población impidiéndoles manifestarse y acceder a los beneficios sociales y económicos imprescindibles para garantizar un orden justo en la distribución de las riquezas.
Los pretextos esgrimidos por las clases privilegiadas para legitimarse ante la sociedad justificándose y proclamándose a si mismas como necesarias conductoras políticas de los regímenes dictatoriales giraban en torno a una agresiva y tendenciosa propaganda ideológica en la cual se presentaban como salvadoras de la patria, garantes del orden social y custodios de la moral.
En este contexto y bajo el marco de la represión militar abierta a veces y encubierta otras, las diversas organizaciones revolucionarias en la Argentina se propusieron dar una guerra popular y prolongada de resistencia para debilitar y socavar las bases fraudulentas sobre las cuales se sostenía el poder político omnímodo de la burguesía en connivencia con el capital monopólico transnacional.
El fuerte arraigo que las fuerzas revolucionarias tuvieron en los diversos frentes populares, el trabajo de concientización y las actividades político-militares realizadas en contra de la dictadura y de los intereses imperialistas, alarmaron a las fuerzas armadas de la burguesía que se dispusieron a eliminar y aniquilar a todos los combatientes y militantes comprometidos, asestando terribles golpes sobre las fuerzas revolucionarias.
Como siempre sucede, las fuerzas del campo popular emergen espontáneamente como fruto de la conciencia adquirida y de la voluntad interiorizada que se hace capaz de accionar en el mundo material para producir el cambio radical en la estructura social enferma y caduca; corregir los desajustes,revertir el estado de salvajismo social imperante, señalar las contradicciones en el seno de la sociedad, reconocer las injusticias, redefinir los objetivos políticos, organizar a las fuerzas populares dotándolas de una estructura capaz de hacer efectivos sus intereses, sentar las bases ideológicas y morales para la construcción de una sociedad nueva y de un hombre nuevo dotado de una conciencia colectiva efectiva, garantizar las condiciones necesarias para gestar la individualidad libre de la enajenación, para que el sujeto, para que la persona humana se torne conciente de su condición y se realice en plenitud excluyendo simultáneamente la explotación y la dominación como bases socio-políticas y fundamentales del desenvolvimiento económico organizacional en la comunidad humana.
En esa ardua tarea de enfrentarse contra los opresores, la heroicidad de los militantes suele llegar hasta las últimas consecuencias, hasta el límite de entregar la propia vida por una causa superior que trascienda ese cerco ficticio del ego finito; cuando se comprende que la realidad es dura, que se forja en una lucha compleja y constante entre intereses contrapuestos, intereses que deben reconocerse,se comprende entonces con el corazón y con la mente que es necesario dar una lucha contra el egoísmo, contra el salvajismo, contra la mentira y contra el vicio inmoral institucionalizado que solo encubre las relaciones macabras y morbosas de un sistema inviable y degenerado, el capitalista.
La masacre de Trelew es una muestra concreta del accionar de las fuerzas represivas, brazo armado de la burguesía y del capital monopólico, que en un arrebato de criminalidad y demencia fusiló cobardemente a los militantes detenidos tratando de cegarlos para siempre, sembrando así el horror y el desconcierto en las filas del campo popular y revolucionario; quisieron escarmentar al pueblo y a su vanguardia pero solo encendieron la llama de la indignación; millares de jóvenes continuaron con la lucha y aprendieron del ejemplo revolucionario.
Que la memoria de aquellos compañeros brille en nuestros corazones y que su lucha ilumine nuestro camino en la búsqueda de una conciencia revolucionaria que nos garantice el reconocimiento de la verdad, la justicia efectiva y la dignidad.
LA SANGRE DERRAMADA JAMÁS SERÁ NEGOCIADA
NO NOS HAN VENCIDO!
JUVENTUD PDL
2 comentarios:
ESTAN EN NUESTRO BLOG COMO RECOMENDADOS, COMPAÑEROS,
UN ABRAZO
ME OLVIDE DE MENCIONARLO,
mutualhomeromanzi.blogspot.com
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