JULIO CESAR URIEN, SECRETARIO GENERAL

JULIO CESAR URIEN, SECRETARIO GENERAL
cada noche de tanto en tanto
suelo contar las estrellas que restan de aquí hasta
ese universo total (por lo pleno y compartido)
y cada mañana retomo el camino de alguna nueva
estrella
y así hasta alcanzarla

cada noche de tanto en tanto
suelo contar las estrellas que restan
¡y claro que son menos las que faltan!
prosigamos entonces
persiguiendo luces y andando marchas.-

Carlos Aiub
Compañero Detenido-Desaparecido el 10/06/77

JUVENTUD PARTIDO DEMOCRACIA Y LIBERACION:Democracia Participativa: Eje central del Siglo XXI

Porque queremos ser verdaderos protagonistas y participar activamente de los asuntos públicos.

Porque no queremos que otros decidan por nosotros.

Porque al participar, nos volvemos responsables tomando decisiones en forma directa.

Porque generamos un consenso básico, como así también decisiones más razonadas.

Porque no nos conformamos con ser meros espectadores de la realidad; queremos incidir en ella.

Desde el barrio, en la Provincia y en la Nación, queremos decidir en qué se gasta nuestro presupuesto.

En definitiva, porque creemos que tiene que ser un deber cumplir con las responsabilidades sociales y políticas, participando en los asuntos públicos en forma organizada, y controlando la gestión pública.
A través de la Democracia Participativa pretendemos descentralizar el poder, crear conciencia política, fortalecer el proceso de capacitación para el ejercicio de nuestros derechos y construir una sociedad de equidad con justicia social.

viernes, 28 de septiembre de 2007

VICKY WALSH, COMPAÑERA


Carta a mis amigos.

Hoy se cumplen tres meses de la muerte de mi hija, María Victoria, después de un combate con fuerzas del Ejército. Sé que aquéllos que la conocieron la han llorado. Otros, que han sido mis amigos o me han conocido de lejos, hubieran querido hacerme llegar una voz de consuelo.

Me dirijo a ellos para agradecerles pero también para explicarles cómo murió Vicki y por qué murió.

El comunicado del Ejército que publicaron los diarios no difiere demasiado, en esta oportunidad, de los hechos.

Efectivamente, Vicki era oficial 2° de la Organización Montoneros, responsable de la prensa sindical, y su nombre de guerra era Hilda.

Efectivamente estaba reunida ese día con cuatro miembros de la Secretaría Política que combatieron y murieron como ella.

La forma en que ingresó a Montoneros no la conozco en detalle.

A los 22 años, edad de su posible ingreso, se distinguía por decisiones firmes y claras.

Por esa época comenzó a trabajar en diario "La Opinión" y en un tiempo muy breve se convirtió en periodista.

El periodismo en sí no le interesaba. Sus compañeros la eligieron delegada sindical.

Como tal debió enfrentar en un conflicto difícil al director del diario, Jacobo Timerman, a quien despreciaba profundamente. El conflicto se perdió y cuando Timerman empezó a denunciar como guerrilleros a sus propios periodistas, ella pidió licencia y no volvió más.


Fue a militar a una villa miseria. Era su primer contacto con la pobreza extrema en cuyo nombre combatía. Salió de esa experiencia convertida a un ascetismo que impresionaba.

Su marido, Emiliano Costa, fue detenido a principios de 1975 y no lo vio más.

La hija de ambos nació poco después.

El último año de vida de mi hija fue muy duro.

El sentido del deber la llevó a relegar toda satisfacción individual, a empeñarse mucho más allá de sus fuerzas físicas.

Como tantos muchachos que repentinamente se volvieron adultos, anduvo a los saltos, huyendo de casa en casa. No se quejaba, sólo su sonrisa se volvía más desvaída.

En las últimas semanas varios de sus compañeros fueron muertos: no pudo detenerse a llorarIos. La embargaba una terrible urgencia por crear medios de comunicación en el frente sindical que era su responsabilidad.

Nos veíamos una vez por semana, cada quince días.

Eran entrevistas cortas, caminando por la calle, quizá diez minutos en el banco de una plaza. Hacíamos planes para vivir juntos, para tener una casa donde hablar, recordar, estar juntos en silencio.

Presentíamos, sin embargo que eso no iba a ocurrir, que uno de esos fugaces encuentros iba a ser el último, y nos despedíamos simulando valor, consolándonos de la anticipada pérdida.

Mi hija no estaba dispuesta a entregarse con vida. Era una decisión madurada, razonada. Conocía, por infinidad de testimonios, el trato que dispensan los militares y marinos a quienes tienen la desgracia de caer prisioneros: el despellejamiento en vida, la mutilación de miembros, la tortura sin límite en el tiempo ni en el método, que procura al mismo tiempo la degradación moral, la delación. Sabía perfectamente que en una guerra de esas características, el pecado no era no hablar, sino caer.

Llevaba siempre encima una pastilla de cianuro, la misma con que se mató nuestro amigo Paco Urondo, con la que tantos otros han obtenido una última victoria sobre la barbarie.

El 28 de setiembre, cuando entró en la casa de la calle Corro, cumplía 26 años.

Llevaba en brazos a su hija porque a último momento no encontró con quién dejarla.

Se acostó con ella, en camisón. Usaba unos absurdos camisones blancos que siempre le quedaban grandes.

A las siete del 29 la despertaron los altavoces del Ejército, los primeros tiros.

Siguiendo el plan de defensa acordado, subió a la terraza con el secretario político, Molina, mientras Coronel, Salame y Beltrán respondían al fuego desde la planta baja.

He visto la escena con sus ojos: la terraza sobre las casas bajas, el cielo amanecido, y el cerco.

El cerco de 150 hombres, los FAP emplazados, el tanque.

Me ha llegado el testimonio de uno de esos hombres, un conscripto.

"El combate duró más de una hora y media.

Un hombre y una muchacha tiraban desde arriba.

Nos llamó la atención la muchacha porque cada vez que tiraba una ráfaga y nosotros nos zambullíamos, ella se reía." He tratado de entender esa risa.

La metralleta era una Halcón y mi hija nunca había tirado con ella, aunque conociera su manejo por las clases de instrucción. Las cosas nuevas, sorprendentes, siempre la hicieron reír.

Sin duda era nuevo y sorprendente para ella que ante una simple pulsación del dedo brotara una ráfaga y que ante esa ráfaga 150 hombres se zambulleran sobre los adoquines, empezando por el coronel Roualdes, jefe del operativo.

A los camiones y el tanque se sumó un helicóptero que giraba alrededor de la terraza, contenido por el fuego.

"De pronto, dice el soldado, hubo un silencio. La muchacha dejó la metralleta, se asomó de pie sobre el parapeto y abrió los brazos. Dejamos de tirar sin que nadie lo ordenara y pudimos verla bien. Era flaquita, tenía el pelo corto y estaba en camisón. Empezó a hablamos en voz alta pero muy tranquila. No recuerdo todo lo que dijo. 'Ustedes no nos matan' dijo 'nosotros elegimos morir'. Entonces se llevaron una pistola a la sien y se mataron enfrente de todos nosotros."

Abajo ya no había resistencia. El coronel abrió la puerta y tiró dos granadas.

Después entraron los oficiales. Encontraron a una nena de algo más de un año, sentadita en una cama, y cinco cadáveres. En el tiempo transcurrido he reflexionado sobre esa muerte.


Me he preguntado si mi hija, si todos los que mueren como ella, tenían otro camino.

La respuesta brota de lo más profundo de mi corazón y quiero que mis amigos la conozcan.

Vicki pudo elegir otros caminos que eran distintos sin ser deshonrosos, pero el que eligió era el más justo, el más generoso, el más razonado.

Su lúcida muerte es una síntesis de su corta, hermosa vida.

No vivió para ella: vivió para otros, y esos otros son millones.

Su muerte sí, su muerte fue gloriosamente suya, y en ese orgullo me afirmo y soy yo quien renace de ella.


Esto es lo que quería decir a mis amigos y lo que desearía de ellos es que lo transmitieran a otros por los medios que su bondad les dicte.


Rodolfo Walsh, diciembre de 1976.

jueves, 13 de septiembre de 2007

¿QUE CLASE DE EJERCITO BOMBARDEA A SU PUEBLO?



LA REVOLUCIÓN FUSILADORA


Vencedores y vencidos


La "Revolución Libertadora" del 16 de septiembre de 1955 se dedica a desmontar la maquinaria justicialista y a borrar todo lo que recuerde al gobierno derrocado. El Partido Peronista es disuelto. El ejército interviene la Confederación General del Trabajo y designa como responsable al capitán de navío Alberto Patrón Lapacette. Más de cien mil dirigentes obreros son destituidos. Grupos civiles, entre los que se encuentran conservadores, radicales y comunistas, asaltan sindicatos. Se desata la cacería: funcionarios, dirigentes políticos, empleados públicos, gremialistas, militantes y simples simpatizantes son perseguidos y encarcelados; aumentan las denuncias sobre torturas brutales.


El 5 de marzo de 1956, el decreto 4161 decide que "en su existencia política, el Partido Peronista ofende el sentimiento democrático del pueblo argentino". La medida prohíbe en todo el país "la utilización de la fotografía, retrato o escultura de los funcionarios peronistas o de sus parientes, el escudo y la bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto, el de sus parientes, las expresiones peronismo, peronista, justicialismo, justicialista, tercera posición".

La prohibición se extiende a "las fechas exaltadas por el régimen depuesto, las marchas Los muchachos peronistas y Evita capitana, los discursos del presidente depuesto y su esposa".

El nuevo régimen castiga con cárcel el hecho de nombrar a Juan Domingo Perón y a María Eva Duarte, y de exhibir los símbolos partidarios "creados y por crearse". Durante años, el periodismo escrito y radial se referirá al general derrocado como "el dictador depuesto" y "el tirano prófugo".Se destruyen monumentos y se queman libros escolares. La Ciudad Infantil Evita es arrasada y se clausura la Fundación de Ayuda Social Eva Perón. El militar que asume como interventor elabora un informe en el que menciona el derroche peronista que significaba darles de comer carne y pescado todos los días a los chicos y, además, bañarlos y ponerles agua de colonia. El interventor contrata una cuadrilla para romper a martillazos toda la vajilla con el sello de la institución.

Se crean 50 comisiones investigadoras. Al contrario de las normas del derecho, no son los acusadores quienes tienen que probar el delito sino los acusados quienes deben demostrar su inocencia.

Durante el mandato de Aramburu y Rojas se acusa a Perón de 121 delitos, se le inicia un juicio por "traición a la patria" y se le prohíbe el uso del grado militar y el uniforme. En las Fuerzas Armadas, comienza una depuración que continuará durante varios años.

El cadáver de Evita, que aguardaba en el segundo piso de la CGT, en Azopardo al 800, la construcción de un mausoleo, es vejado por un grupo de militares, escondido en diversos lugares y, finalmente, sacado furtivamente fuera del país.El motivo: evitar que su sepultura se convierta en un lugar de peregrinación peronista. Los profanadores mantendrán el cuerpo oculto en Europa durante 16 años. Durante esos largos años, ella también fue una desaparecida, una tumba sin nombre, una N.N.


Dos clases de militares: dos clases de hombre


Valle y Aramburu ingresaron juntos al Colegio Militar de la Nación. Allí se conocieron, eran compañeros de banco hasta que egresaron como subtenientes. Entonces, los unía una fuerte amistad. Compartían juntos con sus familias largos veraneos en Mar del Plata. Años más tarde, con otros generales, participaron en la constitución de una sociedad para la construcción de un edificio en las calles Presidente Perón y General Urquiza, en Mar del Plata. Pero tomaron caminos diferentes: Valle fue un peronista de la primera hora en 1945. Aramburu mantuvo el alineamiento liberal conservador que marcó al Ejército argentino siempre. La esposa de Valle imploró clemencia la noche el 12 de junio de 1956, apelando al viejo amigo.

Entre 1952 y 1955, el general Juan José Valle había sido profesor en la Escuela Superior de Guerra y en sus clases explicaba a los alumnos la noción de "pueblo en armas", tomada del militar alemán Colmar von der Goltz. En junio de 1986, en una entrevista con un periódico, su hija Susana lo describió así: "Papá era de los pocos militares no nazis.

Su formación era otra, en donde la izquierda no asustaba. Estudió en La Sorbona, vio de cerca el fascismo en Italia y lo rechazó sin miramientos. Era un hombre que rara vez se vestía de uniforme, no tenía custodia, ni coche propio, ni chofer, ni miedo (...). Prefería hablar con los sectores civiles del peronismo, con los trabajadores, con el pueblo, que reunirse con los militares". En las postrimerías del gobierno peronista, cuando Valle era miembro de la Junta de Calificaciones del Ejército -en virtud de que su alto puntaje lo ubicaba como el primero de su promoción- había favorecido con el ascenso a general a su amigo Aramburu, que era uno de los últimos de esa camada. Fue entonces cuando Perón le dijo: "Este hombre le va a pagar muy mal. Estos favores siempre se pagan caros".


Luego del triunfo de los militares rebeldes, Valle fue encarcelado en el buque Washington de la marina de guerra. Ahí comienza a pensar en la posibilidad de una rebelión en la que participen militares, gremialistas y sectores del pueblo, y lo comenta con algunos camaradas de armas detenidos. Algunos se suman a la idea; otros, desmoralizados por el confinamiento, se apartan del oficial.

Después, el régimen de la Revolución Libertadora le impone un arresto domiciliario y lo envía a 60 kilómetros de la Capital Federal. Susana, su única hija, relata: "Se va a la casa de mi abuela materna, con guardián en la puerta.

Pero se les escapa. Nos escapamos todos. Mamá y yo por delante, porque no estábamos detenidas, y mientras hacemos esto papá escapa por la puerta de atrás, y se declara prófugo".

A partir de entonces -recuerda Susana- los tres deambulan de casa en casa, duermen y comen gracias a la solidaridad que les abre las puertas de algunos hogares, viven en villas miseria. El militar fugitivo se reúne clandestinamente con camaradas peronistas más jóvenes, como los coroneles Cortines e Irigoyen y el teniente coronel Cogorno. También entra en contacto con dirigentes sindicales como Andrés Framini y Armando Cabo.


En junio de 1956, Susana es una adolescente de 17 años. Esa noche, le permiten ver a su padre durante unos instantes en el patio gris de la Penitenciaría Nacional.

Mientras ella llora, lo ve llegar erguido, "entero y sonriente", rodeado por un grupo de Infantería de Marina que lleva puestos cascos de acero y porta ametralladoras.

Los soldados parecen más asustados que el oficial que va a morir en veinte minutos más.

Las autoridades los dejan conversar unos minutos en una sala fría, custodiados por los infantes armados. El general se sienta en una silla y ella se coloca en sus rodillas. En un cuarto contiguo, un enfermero militar tiene preparados dos chalecos de fuerza por si el padre y la hija sufren un choque emocional. Ellos no dan muestras de ningún quebranto, pero algunos de los jóvenes custodios están a punto de desmayarse y otros deben ser retirados de la sala, víctimas de crisis nerviosas.

Valle le explica a Susana por qué decidió no asilarse en una embajada y entregarse:"¿Cómo podría mirar con honor a la cara de las esposas y madres de mis soldados asesinados? Yo no soy un revolucionario de café". Antes de enfrentar el pelotón, el oficial tiene varios gestos. Renuncia al Ejército, pide ser fusilado de civil y rechaza al confesor que le han asignado, Iñaki de Aspiazu, por ser capellán militar. En su lugar, solicita la presencia de monseñor Devoto, el popular obispo de Goya.

Cuando Devoto llega, comienza a sollozar emocionado. Valle bromea: "Ustedes son todos unos macaneadores. ¿No están proclamando que la otra vida es mejor?". Y a su hija, que tiene las mejillas llenas de lágrimas, le dice: "Si vas a llorar, andate, porque esto no es tan grave como vos suponés; vos te vas a quedar en este mundo y yo ya no tengo más problemas".

Mucho tiempo más tarde, Susana recordará otros detalles. Estaba sentada en las rodillas del general, con sus manos entrelazadas y, a pesar de que ella no fumaba en su presencia, su padre le pidió un cigarrillo. "También recuerdo la temperatura de sus manos: no era ni fría ni caliente; estaba absolutamente normal. Papá estaba convencido de lo que iba a hacer".

Un oficial dijo: "Ya es hora". Valle se quitó el anillo que llevaba y lo colocó amorosamente en manos de la muchacha. También le entregó algunas cartas: una dirigida a Aramburu, otra para "el pueblo argentino" y otra "para abuela, mamá y para mí". Le dio un abrazo, la besó y, aún más tranquilo que antes, se fue a paso firme por un largo pasillo después de hacer un despreocupado ademán de despedida. Sus custodios, en cambio, marchaban en forma vacilante, con las rodillas a punto de doblarse."Uno de los soldaditos salió de la fila y se me prendió llorando: "Te juro que yo no lo mato". A ese chico lo tuvieron que retirar con un ataque de nervios", relata Susana. "Después, me fui. Ellos lo fusilaron, yo me lo llevé en el corazón".


Al día siguiente, un lacónico comunicado oficial informó: "Fue ejecutado el ex general Juan José Valle, cabecilla del movimiento terrorista sofocado"."Se acabó la leche de la clemencia"


En esos días, el socialista de derecha Américo Ghioldi afirma eufórico en las páginas del periódico La Vanguardia: "Se acabó la leche de la clemencia". El político, apodado popularmente Norteamérico, también es autor de otra frase elocuente: "La letra con sangre entra".

A partir de entonces, los peronistas rebautizan al régimen militar subversivo de septiembre de 1955 como la "Revolución Fusiladora"."El gobierno de la Revolución Libertadora había esperado que el intento militar se realizara para provocar un mayúsculo escarmiento", escribe Ernesto Salas en La resistencia peronista: la toma del frigorífico Lisandro de la Torre.

"En un país donde no existía la pena de muerte y los fusilamientos por motivos políticos parecían cosa del pasado, donde la permanente agitación golpista no había cobrado consecuencias graves en los cabecillas militares, las reglas del juego fueron súbitamente dejadas de lado. La misma noche de la conspiración varios militares y civiles fueron pasados por las armas; algunos luego de juicios sumarios, otros ametrallados por la espalda en los basurales de José León Suárez.

La orden de fusilamiento partía de un decreto que no podía ser aplicable a los prisioneros, ya que se había dictado con posterioridad a su detención.

El general Valle fue fusilado unos días después, pese a los pedidos de perdón lanzados por distintos sectores, contra los muros de la antigua prisión de la calle Las Heras.

Lo que constituía un horroroso crimen, falto de antecedentes, no impidió que una parte de la sociedad argentina y la mayoría de los partidos políticos, siguieran rindiendo homenaje a las obras de la Revolución Libertadora".


Pero la historia tiene sus vueltas. Cuando 18 años más tarde, en junio de 1970, Susana se enteró de la muerte de Aramburu a manos del Comando Juan José Valle, de los Montoneros, según declaró al semanario La causa peronista el 20 de agosto de 1974 sintió que "sólo la cirugía estética le podría borrar de su cara la alegría".


jueves, 6 de septiembre de 2007

7 DE SEPTIEMBRE: DIA DEL MONTONERO


JOSE SABINO NAVARRO

PERONISTA Y MONTONERO


Obrero, Cristiano y Peronista, el Negro José Sabino Navarro sintetizó en su figura la voluntad, la capacidad, la convicción y el coraje de las mujeres y hombres que supieron entender que lo individual solo puede estar supeditado a lo colectivo y que únicamente se puede ser totalmente feliz en una patria socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. José Sabino Navarro nació en Corrientes el 11 de diciembre de 1942. Su padre, ferviente peronista, contagió a su hijo con esa pasión de pueblo. En una oportunidad lo llevó a la Plaza de Mayo, a escuchar uno de los históricos discursos del líder del movimiento. Una gestión directa de Evita permitió que la madre de Sabino pudiera viajar a Bs As para que la operaran. A los 12 años, la familia lo trajo hasta Buenos Aires. Y todavía era un pibe de 15 años cuando acompañó al viejo hasta los basurales de José León Suárez, apenas se enteraron de la masacre, para buscar algún sobreviviente. El Negro, recordaría para siempre el recuerdo del odio al pueblo de los mismos que pintaban “viva el cáncer” cuando Evita se moría. En 1959 conoció a Pina, su mujer y madre de sus hijos, fue en la Algodonera Textil, empresa donde ambos trabajaban. Entre 1962 y 1963 hizo la colimba y recibió su primera instrucción militar. Al finalizar la conscripción Sabino pasó a trabajar en Deutz Cantábrica y se incorporó a SMATA, llegando a ser delegado, ganando un prestigio entre sus compañeros por sus luchas sindicales, y todavía más, debido a una feroz paliza que le propinó a José Rodríguez, quien había traicionado una huelga. Ahí empieza a distanciarse del sindicato y comienza a surgir la idea de acompañar la lucha político sindical con el desarrollo de acciones armadas. Era un fervoroso militante en la Juventud Obrera Católica. Ahí conoce a García Elorrio, director de Cristianismo y Revolución, y comienza a participar en actividades en ese ámbito. En agosto de 1968 Sabino participó del primer congreso del peronismo revolucionario y, en enero del año siguiente, concurrió al plenario peronista en Pajas Blancas, Córdoba. Para entonces, ya no quedaban dudas acerca de la necesidad de complementar la lucha político sindical con la lucha armada. Dos meses más tarde se produjo una de las últimas apariciones públicas de Sabino, cuando fue invitado por los trabajadores de la empresa Renault para intervenir en un conflicto gremial. A principios de 1969, comenzó a participar en los primeros operativos armados. Con “fierros” en mal estado y sin municiones, encararon los primeros operativos para autoabastecer el grupo. Siempre, convencidos de que el peronismo era revolucionario y debía actuar como tal, para lograr el retorno de Perón al país, y avanzar en la construcción de la patria socialista. El grupo jamás abandonó su militancia política y gremial, junto a los operativos armados. Tras el aramburazo, en mayo de 1970, el grupo de El Negro comenzó a identificar sus acciones con un mismo sello: Montoneros. A mediados de 1970, José Sabino Navarro se transformó en uno de los dirigentes de la conducción de Montoneros. En setiembre, la organización incipiente tiene un enfrentamiento con la policía en William Morris. Caen muertos Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus, él salva su vida milagrosamente. Fue buscado intensamente por las fuerzas represivas de la dictadura de Lanusse, Lo detectaron en Villa Ballester, donde se enfrenta con ellos y mata a dos policías a quienes les quita sus armas. En 1971, Sabino se traslada a Córdoba y queda a cargo de la regional y su reestructuración, tras su debilitamiento después de la Toma de La Calera. El 21 de Julio de ese año viaja a Rio Cuarto, junto a, el santafecino, estudiante en “la Docta”, Jorge Cotone. Van a realizar una operación de apoyo al conflicto de trabajadores de Fiat Con otros compañeros toman un garaje y recuperan 2 vehículos para llevarlos a la ciudad de Córdoba. La policía es alertada. Monta operativos de control en toda la ruta que va de Río Cuarto a Córdoba. A los 40 ó 50 kilómetros, comienzan los enfrentamientos. El grupo montonero logra superar los primeros cercos. Sin embargo, deben abandonar uno de los vehículos, y en otro combate cae , en Berrotarán, el “Negro” Juan Antonio Díaz. Tenía 28 años, era de Río Cuarto, hijo de obrero ferroviario y peronista, un tipo bien de base, que había comenzado a trabajar desde los 9 años, también peón ferroviario y delegado. Había participado en la toma de La Calera. El grupo continúa. Ya sin auto, deciden internarse en el monte, que es bastante bajo y, con pocas hojas, ofrece poca protección. Cecilio Salguero, otro de los militantes, se queda cuidando la retaguardia, para que los demás puedan avanzar más. Es detenido al día siguiente. El Negro Sabino y Cotone siguen, van obteniendo provisiones en las pocas casas que van encontrando. A esa altura son rastreados por helicópteros y por la infantería.

Las fuerzas de la represión ya peinaban todo el monte. Los combatientes montoneros se movilizan de noche. Ante cada intento de salir a la ruta se ven obligados a entablar combate y deben volver a internarse en el monte. Una noche encuentran el camino que buscaban, conducía al dique Los Molinos. Toman un Citroen, pero son perseguidos y Sabino es herido en un hombro. Para avanzar, “recuperan” un colectivo. El propio Negro maneja, mientras continuaba la persecución y el tiroteo. Chocan y se internan de nuevo al monte. Llevaban más de una semana de combates y persecución, estaban casi sin munición y Sabino Navarro había perdido bastante sangre, sin recibir atención médica. Le pide a Cottone que sigua e intente salvarse, que él va a quedarse. Ante la negativa de Cottone a abandonar al compañero, Sabino se lo ordenó. “Yo no caigo -le dijo-, no quiero caer y me muero”. A los 200 metros, contaría después Cottone, cuando ya se alejaba, se escuchó un disparo… La policía lo buscó durante semanas, hasta que lo encontró, ya muerto. Estaba en una cueva escondido entre las piedras, el revolver 38 todavía en su mano derecha.

Como hicieron con el Che Guevara, le cortaron las manos, se las llevaron como trofeo y escondieron su cuerpo, enterrándolo debajo de otra sepultura. Recién en 1974, dos de nuestros Gobernadores de la Victoria, Oscar Bidegain y Ricardo Obregón Cano, consiguieron la información del lugar en el que se encontraban los restos del Negro. Arnaldo Lizaso, otro de nuestros luchadores, colaboró con el traslado del cuerpo hasta El Cementerio de Olivos.


JOSÉ SABINO NAVARRO, EL “NEGRO”, PASÓ A LA HISTORIA COMO EL PROTOTIPO DE LA HISTORIA DEL MONTONERO, PERONISTA DE ALMA, GRASITA DE EVA PERÓN, CON EL VALOR DE LOS GAUCHOS EN EL COMBATE, DE LAS MONTONERAS FEDERALES Y DE LAS MONTONERAS PERONISTAS...


¡¡¡BENDITO SEA TU CORAZÓN

DESCAMISADO Y REVOLUCIONARIO NEGRO SABINO NAVARRO!!!

PERON Y EL CHE

Carta del Gral Perón con motivo de la muerte del Che
Madrid, 24 de octubre de 1967

Compañeros:
Con profundo dolor he recibido la noticia de una irreparable perdida para la causa de los pueblos que luchan por su liberación.
Quienes hemos abrazado este ideal, nos sentimos hermanados con todos aquellos que en cualquier lugar del mundo y bajo cualquier bandera, luchan contra la injusticia, la miseria y la explotación.
Nos sentimos hermanados con todos los que con valentía y decisión enfrentan la voracidad insaciable del imperialismo, que con la complicidad de las oligarquías apàtridas apuntaladas por militares títeres del pentágono mantienen a los pueblos oprimidos.
Hoy ha caído en esa lucha, como un héroe, la figura joven mas extraordinaria que ha dado la revolución en Latinoamérica: ha muerto el Comandante Ernesto "Che" Guevara.
Su muerte me desgarra el alma porque era uno de los nuestros, quizás el mejor: un ejemplo de conducta, desprendimiento, espíritu de sacrificio, renunciamiento. La profunda convicción en la justicia de la causa que abrazo, le dio la fuerza, el valor, el coraje que hoy lo eleva a la categoría de héroe y mártir.
He leído algunos cables que pretenden presentarlo como enemigo del Peronismo. Nada más absurdo. Suponiendo fuera cierto que en 1951 haya estado ligado a un intento golpista, ¿que edad tenia entonces?. Yo mismo, siendo un joven oficial, participé del golpe que derrocó al gobierno popular de Hipólito Irigoyen. Yo también en ese momento fui utilizado por la oligarquía. Lo importante es darse cuenta de esos errores y enmendarlos. ¡Vaya si el "Che" los enmendó!.
En 1954, cuando en Guatemala lucha en defensa del gobierno de Jacobo Arbenz ante la prepotente intervención armada de los yanquis, yo personalmente di instrucciones a al chancillería para que le solucionaran la difícil situación que se le planteaba a ese valiente joven argentino; y fue así como salio hacia México.
Su vida, su epopeya, es el ejemplo más puro en que se deben mirar nuestros jóvenes, los jóvenes de toda América Latina.
No faltaran quienes pretendan empalidecer su figura. El imperialismo temeroso del enrome prestigio que ya había ganado en las masas populares; otros, los que no viven las realidades de nuestros pueblos sojuzgados. Ya me han llegado noticias de que el Partido Comunista Argentino, solapadamente, esta en campaña de desprestigio. No nos debe sorprender ya que siempre se ha caracterizado por marchar a contramano del proceso histórico nacional. Siempre ha estado en contra de los movimientos nacionales y populares. De eso podemos dar fe los peronistas.
La hora de los pueblos ha llegado y las revoluciones nacionales en Latinoamérica son un hecho irreversible. El actual equilibrio será roto porque es infantil pensar que se pueden superar sin revolución las resistencias de las oligarquía y de lo monopolios inversionistas del imperialismo.
Las revoluciones socialistas se tiene que realizar; que cada uno haga la suya, no importa el sello que ella tenga. Por eso y para eso, deben conectarse entre si todos los movimientos nacionales, en la misma forma en que son solidarios entre si los usufructuarios del privilegio. La mayoría de los gobiernos de América latina no van a resolverlos problemas nacionales sencillamente porque no responden a los intereses nacionales. Ante esto, no creo que las expresiones revolucionarias verbales basten. Es necesario entrar a la acción revolucionaria, con base organizativa, con un programa estratégico y tácticas que hagan viable la concreción de la revolución. Y esta tarea, la deben llevar adelante quienes se sientan capaces. La lucha será dura, pero el triunfo definitivo será de los pueblos. Ellos tendrán la fuerza material circunstancialmente superior a la nuestra; pero nosotros contamos con la extraordinaria fuerza moral que nos da la convicción en la justicia de la causa que abrazamos y la razón histórica que nos asiste.
El Peronismo, consecuente con su tradición y con su lucha, como Movimiento Nacional, Popular y Revolucionario, rinde su homenaje emocionado al idealista, al revolucionario, al Comandante Ernesto "Che" Guevara, guerrillero argentino muerto en acción empuñando las armas en pos del triunfo de las revoluciones nacionales en Latinoamérica.

Juan Domingo Perón


Juventud PDL

Contacto: juventudpdl@gmail.com

DIA DEL MONTONERO: FERNANDO ABAL MEDINA

Por Jorge Falcone

El coche había permanecido frente a la pizzería La Rueda, de William Morris, más de lo que la paranoia policial del 70 recomendaba.
Como suele suceder en estos casos, un vecino de esos que nunca entran en ninguna guerra telefoneó a la comisaría.
El patrullero no tardó en llegar, ni en sospechar de aquel dúo de mocosos egresados del Nacional Buenos Aires que departía discretamente con un morocho de la Asociación Obrera Textil.
Darles el alto y abrir fuego fueron una misma cosa. Los más jóvenes intentaron fugar respondiendo los disparos, pero cayeron en la puerta.
El morocho bajó un par de ratis y saltó sobre el cuerpo de sus compañeros.
Hasta su caída en la Sierra de Alta Gracia no volvería a ser noticia.
El cuarto, huyó a tiempo en el auto que oficiaba de retén.
Venían de ejecutar al hombre que ordenara el bombardeo de 1955 en Plaza de Mayo, abortara los diez años más felices del pueblo trabajador prohibiendo su recuerdo, fusilara patriotas sumariamente en los basurales de José León Suárez, secuestrara el cuerpo de la Abanderada de los Humildes, y sentara las bases del fraudulento Gran Acuerdo Nacional.
El 7 de setiembre del año 70, los Montoneros éramos un puñadito y estábamos solos de toda soledad.
Nuestro pueblo, más tarde, nos permitió llegar a ser cientos de miles.
Algunos no nos hemos arrepentido.
Y consideramos al haber formado parte del sueño de Fernando Luis Abal Medina, Gustavo Ramus, José Sabino Navarro, y Carlos Capuano Martínez, como uno de los orgullos más grandes que llevamos a cuestas.-